¡Que ya apareció la cochina!

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En un pequeño pueblo de Extremadura vivía un matrimonio muy bien avenido, Amador y Paulina. Eran ya mayores y no tenían hijos, pero lo que sí tenían era una cochinita. Estos animales aportaban una economía de subsistencia al hogar. Se alimentaban con las sobras de la comida: cascaras de sandía, peladuras de las verduras y hortalizas, almendras, higos chumbos que crecían en la sierra. Los cerditos comen de todo y a cambio con su carne, tocinos, embutidos y jamones se podía alimentar una familia durante todo el año.

Sucedió que un día la cochina salió del corral por la puerta trasera, como en otras muchas ocasiones, pero esta vez no regresó. Lloraron por la terrible pérdida y fue tan grande el disgusto que el marido, que andaba un poco delicado de salud, murió.

Pasó algún tiempo y la cerdita, de la misma manera que se fue, volvió una mañana, sin que nadie lo esperara, y entro por la puerta trasera del corral, como de costumbre. Esta vez la mujer lloró por la alegría pero también de tristeza por no poder compartir con su marido la vuelta del animal.

Pasaron unos días y llegó a oidos de Paulina que el marido de Casilda , la vecina de la calle de abajo, estaba muy malito, casi en el lecho de muerte. Ni corta ni perezosa, se personó en su casa.

—Casilda, me "enterao" que tu marido esta mu "malico", tu sabes que os apreció mucho, y me gustaría verlo y acompañarlo  un ratito.

La mujer, un poco desconfiada, la dejó pasar al dormitorio, advirtiéndole que procurara no cansar mucho a Severiano, que así se llamaba el hombre. Después de un rato Paulina salió de la habitacion, sonriente y satisfecha. Casilda, muy intrigada, entró para interrogar al marido.

—Seve, ¿qué te ha dicho la Paulina? ¿Que es lo que quería esta alcuza?

Severiano, postrado en la cama y con la voz casi apagada, murmuró —nada mujer, me ha dicho que, como ya me voy a morir pronto, que le dijese a Amador, a su marido, que esté tranquilo, que ya apareció la cochina. ¡El hombre se fue tan preocupado!

—!Pues te voy a decir una cosa, Seve ¡Y te lo digo muy en serio! ¡Que si te lo encuentras de camino bien, pero si no, no vayas andar gloria arriba, gloria abajo, buscando al Amador, porque vas a llevar los zapatos nuevos y no quiero que los rompas!

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