El nivel de burbuja

chals

Contaba yo con unos tres años. Vivíamos en un pueblo de Valencia, Benimamet: mi padre, mi madre mi hermano y yo. Mi padre era obrero de la construcción; trabajaba como maestro de albañil. Según me contaron mas tarde, yo a esa edad era bastante parlanchín y muy curioso.

En cierta ocasión mi padre me llevaba de la mano. Seguramente había salido del trabajo y había quedado con algún colega para tomar algo en un bar cercano. Yo vi como el hombre le entregó una caja alargada, metálica, un poco abollada Mientras mi padre hablaba y compartía unos chatos de vino con aquel hombre, yo miraba la caja con mucho interés. Quería averiguar su contenido. De vez en cuando tiraba de la manga de la chaqueta de mi padre y preguntaba —papa, ¿eso qué es?

—Nada hijo, una cosita —y continuaba su charla con su colega sin prestarme demasiada atención. Así que intenté en vano averiguar qué había, sin captar la atención de mi padre, que en una de las veces (imagino que para hacerme desistir) me respondió —¡esta caja no se puede abrir, porque en ella hay un bicho y si la abrimos se escapa!

Era ya casi de noche y regresamos a casa. Llegó la hora de dormir, pero al meterme entre la cama, entre las sabanas blancas, yo solo veía una sarta de bichos, insectos negros que se escondían bajo la almohada y volvían a salir. Arañas patudas, cortapisas , cucarachas negras que saltaban… Todo estaba en mi imaginación, claro está, pero yo las veía reales. Gritaba tratando de quitármelas de encima, por el cuello, por la cabeza, gritaba y me sacudía, —¡bichooo, bichooo!

Mi madre no sabía qué hacer, ni mi padre, ni mi hermano que expectantes trataban en vano de tranquilizarme. No entendían qué era lo que me pasaba. Mi padre reparó por un instante en lo ocurrido esa tarde, y fue a buscar la caja metálica, para enseñarme que no había tal bicho. Pero cuando intentaba acercarme la caja, más desesperado gritaba, —Nooo, bicho, nooo!

—Mira hijo, no es un bicho, es un nivel, un nivel de burbuja, no quería sacarlo de la funda para que no se rompiera, ves!

Yo más gritaba, vi como sacó un instrumento alargado, con una especie de relojes y burbujas de color verde… pero mi susto me impedía razonar. Una vecina, al escuchar los gritos, llegó también y mi madre le contó lo que pasaba.

—Jacinta, dale un vasito de leche templadita y media aspirina, verás como se tranquiliza. Eso es bueno para los niños.

Así que, según me contaron, esto fue mano de santo y dormí profundamente toda la noche. No sé si toda la fobia que tengo a las arañas, cucarachas y demás, procede de aquel episodio.

Tipo de publicación

Añadir nuevo comentario

Filtered HTML

  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Etiquetas HTML permitidas: <p> <em> <strong><cite> <blockquote cite> <hr><code> <ul type> <ol start type> <li> <dl> <dt> <dd> <h2 id> <h3 id> <h4 id> <h5 id> <h6 id>