¡Carbón carbonilla!
Venancio era otro de los personajes que recuerdo de la niñez. Sus rasgos apenas se me dibujan con el pincel del recuerdo. Pero así, a groso modo, dire que era muy bajito, vestia de negro: ancho pantalon de pana, la tipica chambra suelta que solían vestir los hombres mayores, sobre todo los de campo, y la cabeza cubierta por una boina.
Lo recuerdo andando por la calle, con su varita en la mano y su carro tirado por un burrito.En el carro llevaba algunos sacos, esportones de carbon y de picón y una romana para pesar la mercancia. Con esos braseros de carbon y picon, calentabamos las frias mañanas de invierno.
Solia tocar una campanilla muy característica, por la que se le reconocia , y acompañaba con el grito de - ! carbooon carbonilloo! - !carbooon carbonillo!…
Por aquellos dias estaba en casa una hermana de mi madre, mi tia Encarna, que llego de Madrid y me conto una anecdota muy graciosa que sucedió años atras, cuando yo no habia aun nacido. Resulta que una sus hijas, la pequeña Emi, tenia pocos años, esa edad en la que empezamos a hablar y a repetir como loros todo lo que escuchamos. Pues bien, Emi, oia por las mañanas la campanita de Venancio, y su grito de guerra !Carbon, carbonillo!. Y ya lo tenia bien grabado en su impronta. Un domingo, como era costumbre en mi tia, llevo a las niñas a misa, a la parroquia de Santa Maria Magdalena. Y cuando llego la hora en que el cura levanta la sagrada figura, para bendecirla, y dar la comunion a los feligreses , el monaguillo, hace sonar la campanilla, y en medio del silencio del solemne acto, mi primilla solto con su lengua de trapo ! Cabon cabonilloooo!. Y claro como Venancio era conocido en todo el pueblo, enseguida comenzaron las risas sofocadas, entre la gente, mi tia avergonzada, cogio a niña en brazos indicando con el dedo que en la misa hay que estar callada y atraveso el pasillo rodeado de bancos , mientras la niña en voz baja continuaba diciendo ! Cabon , cabonillo! !caboon cabonillo!
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