Sinforosa

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Sinforosa estaba desde muy temprano ya en la cocina. Algunos pucheros hervían en el fogón. Preparó unas tortillas de patatas de grosor considerable, unas chuletillas de cordero de esas que llamaban de palo (seria por lo del hueso, pensó José) y unos pimientos fritos. Descolgó de la pared un par de morcillas patateras, de una tinaja sacó un taco de tocino de jamón y de otra una hogaza de pan, unos higos pasados y unas castañas pilongas serian el complemento de aquel manjar. Lo fue colocando todo en unas horteras de aluminio que se cerraban casi herméticamente por clips laterales. 

José observaba sentado en una silla de enea junto a la chimenea todo aquel trajín.

 

Secándose las manos húmedas en el delantal murmuró entre dientes —creo que con esto no os vais a desmayar por el camino. Miró a José y dijo —Ah! que no se os olvide de echar eso —y señaló una bota de vino que había sobre la mesa. —Es cosechero de la tierra de este año. Tener cuidaito, que entra bien, pero se sube a la cabeza.

Mientras tanto el patrón aparejaba los dos borricos en el corral. Con sus botas de agua y su capota entró en la cocina.

—Nos vamos, José. Hoy vamos al cortijo del Membrillejo, a pesar unos borregos.

Puso en los serones la talega con la comida que había preparado Sinforosa y mirando al cielo dijo —espero que el tiempo nos acompañe, esos nubarrones no me gustan nada, José.

 

Sinforosa era la esposa de Juan Levita, el patrón. Ambos llevaban el negocio de la carnicería, tenían un puesto en el mercado de abasto. No faltaba la clientela y el puesto estaba siempre concurrido, la carne era muy fresca y sobre todo había mucha limpieza y esto era muy cotizado por las mujeres del pueblo.

Ambos José y el patrón subieron a sendos borricos y comenzaron el camino. Charlaban de forma amena, el patrón hablaba de arrobas y de quintales, y de que los borregos debían ser jóvenes y bien alimentados, para que la carne no supiera a chero.

Ya bien dejado atrás el cementerio comenzó a chispear, gotas cada vez mas gruesas. Hacía frío y el cielo estaba encapotado. De vez en cuando el cielo se iluminaba por un relámpago al que seguía un trueno que hacía estremecer a las bestias. Sacaron la manta de las alforjas y se taparon. Esto les proporciono confort momentáneo, pero la lluvia no cesaba . El patrón hablo_ ¡que digo José, que la orilla se esta poniendo mala! , ¿para que vamos a mojarnos los dos?  tu ya eres un hombrecito y seguro que con las instrucciones que yo te voy a dar vas saber hacer bien el trabajo. Tienes que comprobar bien los pesos y regresar con los borregos, yo saldré a tu encuentro.

 A José no le agradaba mucho la idea de ir solo en medio de la tormenta,  pero donde manda patrón, no manda marinero y  así continuo el camino , acurrucado en la manta y llevado por el vaivén del borriquillo. Nada mas perderse el patrón de su vista, comenzó un cosquilleo en el estomago, ¿será miedo , o será hambre?, -  pensó José y rebusco en las alforjas la talega con las horteras repletas de comida. Ahora un pedazo de tortilla, ahora una chuletilla de cordero.... también probo el tocino de jamón que le encantaba. Apoyó un buen pedazo encima de la hogaza de pan y empezó con su navaja a dar buena cuenta de ello. Todo esto sin faltar un buen trago de vino para regar aquella opípara comida.¡Que feliz era José, y que corto se le empezó hacer el camino. Casi sin darse cuenta se divisaba  a lo lejos el cortijo.

 

   Pesaron los borregos, y anotaron las arrobas . José  emprendió el regreso a casa, su trabajito le costo llevar unidos los borregos. Patrón no salió al encuentro como había prometido, así que se dirigió  hacia la casa. Sinforosa se afanaba lavando tripas de cordero en un barreño de barro con agua caliente, casi humeante. Esa tripa serviría  más tarde para  embutir las morcillas de lustre que tan buen sabor daba a los cocidos.

   José dejo los corderos en el corral y ato su borrico al pesebre. Sinforosa recogió las cosas de las alforjas. Nada mas abrir la talega pregunto muy sorprendida ¿ José.. pero .... te has comido todo lo que os eche para Juan y para ti?, ¡ habia un kilo de chuletas, más todo lo demás! ¡ Vamos que no cagarás  estopa !  Ja ja ja

   José respondió tranquilamente.... Bueno también he hecho el trabajo de dos... ¡ así que no esta mal que me haya comido también la comida de dos!

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