Llama a Maña

chals

Mi padre me contaba muchas historias. Algunas no las pongo en pie, pero otras a base de la repetición las recuerdo con ternura y una de ellas es ésta que os cuento ahora.

 

Eran otros tiempos, y ya con 12 años había que ayudar al sustento en casa y así fue como empezó, digamos, su primer trabajo como mozo de terrateniente. Me contó como un día el patrón le mandó a acarrear agua, con un burrito que tenía. Mi padre, cuando vió aquellos enormes cántaros de lata, preguntó cómo iba a poder él sólo cargarlos en los serones de esparto que llevaba a lomos el animal.

—!No te preocupes, José! Cuando llegues al cruce de caminos, dónde está la fuente del pozo nuevo, llamas a Maña que él siempre está por allí, y así te echará una mano.

Mi padre se puso de camino sin mas preocupación, alegre tirando del cabestro de su burrito. Llegó al sitio donde estaba la fuente, con su enorme pilón de cantería donde varios surtidores derramaban agua por sus guesos caños de hierro fundido. Miró alrededor y no vió a nadie. Ató al burrito por la soga a un gancho que había en el brocal y se dispuso a llamar a Maña.

—¡Mañaaaa, Mañaaa! —Esperó alguna respuesta pero nadie le contestó. —¡Maña....Mañaaa!

Nada, ni un vivo por aquellos contornos. Esperó un largo rato. Quizás Maña estuviese ocupado.

—¡Mañaaa....Mañaaa!

Pero Maña no acudía, y el sol comenzaba a castigar. Sacó su pañolito de un bolsillo y secó el sudor de su frente. Maña parecía estar sordo. Nada, ni rastro de nadie... Arrimó al burrito más cerca de la pila y comenzó a llenar el cántaro. Cuando estaba más o menos a la mitad, se subió al borde de la pila y no con poco esfuerzo, logró colocar el cántaro en el serón. Lo mismo hizo con el otro. Luego con la tapadera de uno de los cántaros, que tendría la capacidad de una taza de café. Comenzó a llenar primero un cántaro y luego el otro. Esta tarea le llevó un buen rato, pero consiguió que el agua en ambos cántaros llegara casi al borde y emeprendió el regreso, camino a la finca.

El patrón lo vió aparecer, y socarronamente le preguntó, —¿que tal José? ¿como te fuè? —Mi padre le contó que en realidad Maña no apareció, por mas que gritó su nombre.

—Y... ¿cómo hiciste entonces? ¿quién te ayudó?

—Nadie, yo solo. —Y le contó la manera en que lo había hecho.

—¿No ves José, como Maña acudió en tu ayuda? !Ése, ése fue Maña, el ingenio que pusiste, el ingenio que hay que poner en muchas circunstancias de la vida.

Y fué así que mi padre aprendió una de las cosas que con dureza se aprende en la vida.

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