El pastor y la pareja de la guardia civil
Polín era un zagal de unos doce años que guardaba ovejas. Una mañana temprano, por el camino serpenteante que se desbibujaba en la niebla, vio aparecer a una pareja de la guardia civil, embozados en su capa y con su inconfundible tricornio.
La pareja, al acercarse, se dieron un codazo, se miraron con aire de complicidad, decidieron comprobar el alcance del zagal y reírse un rato. Tan seriecito, tan responsable ya a esa edad… Sentado en su piedra y sin perder de vista al rebaño, Polín les vio llegar.
–¡Niño! ¿De quién son éstas ovejas?
–¡Pues mire usted, de otras más viejas! –respondió el zagal. Un tanto sorprendidos por la respuesta, esperaban que el joven les dijera el nombre del dueño. Luego siguieron preguntando –¡niño, y este camino, ¿a dónde va?
–Este camino, ni va ni viene, siempre está en el mismo sitio. Un poco atribulados, y creyendo el menoscabo de autoridad ante esas respuestas, uno de ellos le dijo –niño, yo lo que creo es que no tienes vergüenza,
–¡Ah, no señor, me la dejé esta mañana en el Chozo! Quizá la hayan visto al pasar.
–Pues no, chaval no la hemos visto.
–Es que ustedes no la conocen, por eso no la han visto.
La pareja de la guardia civil, se dieron media vuelta y, cabeceando, se marcharon diciendo –¡vaya vaya con el zagal! ¡Donde las dan las toman!
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